Carbonatación del hormigón: qué es, cómo detectarla y cómo repararla en edificios
La carbonatación del hormigón es un proceso de deterioro que se produce cuando el dióxido de carbono (CO₂) del aire penetra progresivamente desde la superficie y reduce la alcalinidad del hormigón. Cuando este proceso alcanza las armaduras, el acero puede perder la protección natural que le proporciona ese medio alcalino y quedar expuesto a la corrosión si existen humedad y oxígeno. Además, puede avanzar durante años sin generar síntomas evidentes, por lo que la aparición de grietas siguiendo las armaduras, manchas de óxido, desconchados o acero expuesto puede indicar que el deterioro se encuentra ya en una fase avanzada.
Por este motivo, detectar la profundidad alcanzada por la carbonatación es clave para valorar el estado de la estructura y decidir qué intervención necesita. Para ello existen métodos específicos, como el ensayo con fenolftaleína contemplado en la norma EN 14630. En este artículo explicaremos qué es la carbonatación del hormigón, por qué se produce, qué edificios presentan mayor riesgo y cómo se diagnostica, además de diferenciarla de otras patologías como la aluminosis y analizar las soluciones y sistemas de reparación adecuados según el grado de afectación.
Qué es la carbonatación del hormigón
La carbonatación del hormigón es un proceso físico-químico natural que se produce cuando el CO₂ presente en el aire penetra a través de los poros del hormigón y reacciona con los componentes alcalinos de la pasta de cemento. Como consecuencia, el material pierde progresivamente parte de su alcalinidad y puede dejar de proporcionar a las armaduras el entorno que las protege frente a la corrosión.
Este fenómeno comienza en la superficie expuesta y avanza hacia el interior del hormigón. Su importancia en una estructura de hormigón armado depende, por tanto, de hasta dónde haya avanzado la carbonatación y de si ha alcanzado o no el acero, aspectos que veremos a continuación.
El pH del hormigón y su función protectora sobre las armaduras
El hormigón recién endurecido presenta un medio muy alcalino, con un pH aproximado de entre 12,5 y 13,8. Esta alcalinidad favorece la formación sobre las armaduras de acero de una fina capa pasiva de óxidos que las protege frente a la corrosión. Mientras esta película permanece estable, la velocidad de corrosión del acero es prácticamente despreciable.
Cuando el pH disminuye, esta protección puede perderse. La Concrete Society sitúa la pérdida de pasividad alrededor de un pH de 11, aunque el valor exacto depende de las condiciones del hormigón y del acero. Si además existen humedad y oxígeno, puede iniciarse la corrosión de la armadura.
Por eso, el recubrimiento de hormigón no solo separa físicamente el acero del exterior: también debe mantener a su alrededor un entorno suficientemente alcalino. La carbonatación supone un riesgo precisamente porque reduce progresivamente esa alcalinidad y puede acabar eliminando la protección natural de las armaduras.
Cómo el CO₂ atmosférico reduce la alcalinidad del hormigón
El dióxido de carbono (CO₂) del aire penetra lentamente en el hormigón a través de sus poros y, en presencia de humedad, reacciona con compuestos alcalinos de la pasta de cemento, especialmente con el hidróxido de calcio. Esta reacción forma carbonato cálcico y agua:
Ca(OH)₂ + CO₂ → CaCO₃ + H₂O
Al consumirse estos compuestos alcalinos, el pH disminuye progresivamente: puede pasar de valores superiores a 12,5 en un hormigón no carbonatado hasta aproximadamente 8-9 en una zona carbonatada. Si esta pérdida de alcalinidad alcanza las armaduras, puede desestabilizar la capa pasiva que protege el acero y permitir el inicio de la corrosión.
Por tanto, el CO₂ no deteriora directamente el acero: el riesgo aparece cuando esta transformación química avanza hasta la profundidad de las armaduras. La frontera entre el hormigón ya carbonatado y el que todavía conserva su alcalinidad se denomina frente de carbonatación.
Qué es el frente de carbonatación y cómo avanza
El frente de carbonatación es la zona que marca hasta dónde ha avanzado este proceso desde la superficie del hormigón. A un lado queda el hormigón ya carbonatado, con un pH reducido; al otro, el hormigón que todavía conserva una alcalinidad suficiente para mantener protegidas las armaduras. Su posición permite determinar la profundidad de carbonatación y valorar cuánto falta para que alcance el acero.
Este frente avanza hacia el interior a medida que el CO₂ penetra por la red de poros, pero no lo hace a una velocidad constante. De forma simplificada, su profundidad suele seguir una relación del tipo x = k√t, donde x es la profundidad alcanzada, t el tiempo de exposición y k un coeficiente que depende de factores como la porosidad y composición del hormigón, la humedad, el curado y las condiciones ambientales. Esto significa que el avance tiende a ralentizarse con el tiempo.
El dato decisivo es la relación entre la profundidad de carbonatación y el espesor de hormigón que recubre las armaduras. Cuanto menor sea ese recubrimiento, menor será la distancia que deberá recorrer el frente para alcanzar el acero. Cuando ambas profundidades coinciden, puede producirse la despasivación de la armadura y, si existen humedad y oxígeno, iniciarse la corrosión. Por eso, determinar dónde se encuentra el frente permite evaluar el grado de afectación y anticiparse al deterioro antes de que aparezcan daños visibles.
Por qué se produce la carbonatación: factores que aceleran el proceso
La velocidad de carbonatación depende tanto de las características del propio hormigón como de las condiciones a las que está expuesto. Un material más poroso y permeable facilita la entrada del CO₂, mientras que factores como el espesor de recubrimiento de las armaduras, la humedad ambiental, el tipo de cemento o la calidad del curado pueden acelerar o ralentizar el avance del frente de carbonatación.
Por eso, dos estructuras de la misma antigüedad pueden presentar niveles de afectación muy distintos. A continuación veremos qué factores tienen mayor influencia y por qué algunos edificios resultan especialmente vulnerables.
La relación agua/cemento y la porosidad del hormigón
La relación agua/cemento expresa la cantidad de agua utilizada respecto al cemento de la mezcla y condiciona directamente la estructura interna del hormigón. En términos generales, cuanto mayor es esta relación, mayor es la porosidad capilar y la permeabilidad del material una vez endurecido, lo que facilita la penetración del CO₂ y el avance de la carbonatación.
Por el contrario, un hormigón bien dosificado, compacto y con una relación agua/cemento reducida presenta una red de poros menos conectada que dificulta la difusión del CO₂. Por eso, un hormigón más poroso ofrece menos resistencia al avance del frente de carbonatación, mientras que uno más denso puede retrasarlo considerablemente.
Esta relación no actúa de forma aislada: el curado, la compactación, la fisuración y el tipo de cemento también condicionan la porosidad y, con ella, la facilidad con la que el CO₂ penetra en el hormigón.
El recubrimiento de las armaduras: la distancia de Seguridad
El recubrimiento de las armaduras es el espesor de hormigón que separa el acero de la superficie exterior y, por tanto, la distancia que debe recorrer el frente de carbonatación antes de alcanzarlo. Cuanto mayor y más compacto sea este recubrimiento, mayor será, en principio, la protección frente a la pérdida de pasividad del acero.
Actualmente, el recubrimiento mínimo se determina según factores como la exposición ambiental, la calidad del hormigón y la vida útil prevista, y en situaciones de riesgo de corrosión por carbonatación puede situarse en el entorno de varios centímetros. En cambio, en edificios construidos hace décadas es frecuente encontrar recubrimientos reales menores o irregulares. En algunos edificios de los años 60 y 70 pueden aparecer armaduras con apenas 10-15 mm de hormigón, e incluso menos en puntos concretos, por lo que el frente necesita recorrer mucha menos distancia para alcanzar el acero.
Por eso, durante el diagnóstico es fundamental comparar la profundidad de carbonatación con el recubrimiento real de las armaduras. Esta relación permite determinar si el frente todavía está alejado del acero, está próximo a alcanzarlo o la despasivación ya puede haberse producido.
La humedad relativa: por qué el rango 50–70% es el más peligroso
La humedad relativa influye directamente en la velocidad de carbonatación porque el proceso necesita un cierto contenido de agua en los poros del hormigón. Cuando el ambiente es demasiado seco, el CO₂ puede penetrar con facilidad, pero falta humedad suficiente para que la reacción química avance de forma significativa.
En cambio, cuando el hormigón está muy húmedo o sus poros están prácticamente saturados de agua, la entrada del CO₂ se dificulta mucho, ya que este se difunde mucho más lentamente a través del agua que del aire. Por eso, la carbonatación suele alcanzar su máxima velocidad en un rango intermedio, aproximadamente entre el 50 % y el 70 % de humedad relativa.
Este equilibrio explica por qué determinados elementos protegidos de la lluvia pero expuestos al aire, como balcones cubiertos, cantos de forjado o zonas interiores ventiladas, pueden presentar condiciones especialmente favorables para el avance de la carbonatación.
Otros factores: tipo de cemento, calidad del curado y entorno urbano
El tipo de cemento condiciona la resistencia frente a la carbonatación. Las distintas proporciones de clínker y adiciones minerales modifican la reserva de alcalinidad y la estructura porosa del hormigón, por lo que su comportamiento depende del tipo de cemento, su dosificación y las condiciones de curado.
La calidad del curado también es determinante: un curado adecuado favorece la hidratación del cemento y genera una microestructura más densa y menos permeable. Si es insuficiente, la superficie puede quedar más porosa, facilitando la penetración del CO₂ y acelerando la carbonatación.
Por último, el entorno urbano puede influir a través de factores como la concentración de CO₂, la temperatura, la ventilación y los ciclos de humedad. No obstante, estar en una ciudad no implica por sí solo una carbonatación acelerada: el riesgo depende de la combinación entre ambiente, calidad del hormigón, recubrimiento y tiempo de exposición.
En qué edificios es más frecuente la carbonatación
La carbonatación puede aparecer en cualquier estructura de hormigón armado expuesta al CO₂ atmosférico, pero no todos los edificios presentan el mismo nivel de riesgo. La vulnerabilidad aumenta cuando coinciden varios factores: hormigones más porosos, recubrimientos de armadura reducidos o irregulares y muchos años de exposición ambiental.
Por eso, determinados edificios construidos durante la segunda mitad del siglo XX y algunos elementos especialmente expuestos merecen una atención mayor. A continuación veremos qué características hacen que sean más sensibles y qué zonas suelen deteriorarse antes.
Los edificios de 1955–1980: por qué son los más vulnerables
Los edificios construidos aproximadamente entre 1955 y 1980 constituyen un grupo de especial atención frente a la carbonatación, aunque la fecha de construcción por sí sola no determina que exista una patología. En Barcelona y su área metropolitana, este periodo coincidió con una fuerte expansión urbana y la construcción acelerada de grandes cantidades de vivienda, especialmente durante las décadas de 1950, 1960 y 1970.
En parte de este parque edificado pueden coincidir tres factores desfavorables: hormigones relativamente porosos, recubrimientos de armadura reducidos o irregulares y varias décadas de exposición al CO₂ atmosférico. En 2026, un edificio construido entre 1955 y 1980 acumula ya entre 46 y 71 años de servicio, tiempo suficiente para que el frente de carbonatación haya podido avanzar significativamente si el hormigón ofrece poca resistencia a su penetración.
Esto no significa que todos los edificios de esa época estén afectados. El riesgo real depende de la calidad de ejecución, el recubrimiento existente, la exposición ambiental y el mantenimiento realizado. Sin embargo, cuando coinciden antigüedad, hormigón poroso y poco recubrimiento, aumenta la posibilidad de que la carbonatación haya alcanzado las armaduras, por lo que resulta especialmente importante comprobar su estado mediante un diagnóstico técnico.
Elementos que se deterioran antes: cantos de forjado, balcones, pilares en planta baja
Los cantos de forjado y balcones suelen ser especialmente sensibles porque están muy expuestos al ambiente exterior y, con frecuencia, presentan espesores de recubrimiento reducidos, encuentros constructivos delicados y ciclos repetidos de humedad y secado. En los balcones, además, las filtraciones de agua pueden combinarse con la carbonatación y acelerar la corrosión de las armaduras.
Los pilares en planta baja, especialmente los próximos a fachadas, patios, zonas abiertas o puntos con humedad, también pueden presentar un riesgo elevado. Su exposición al CO₂, la humedad ambiental y posibles entradas de agua favorecen el avance de la carbonatación, y su importancia estructural hace que cualquier pérdida de sección de la armadura deba valorarse con especial atención. Estudios realizados en edificios existentes han observado diferencias relevantes en la corrosión por carbonatación según la posición de los pilares y vigas dentro del edificio.
Por eso, en una inspección técnica conviene prestar especial atención a bordes de forjado, balcones, frentes de fachada y pilares próximos al exterior, pero sin asumir que son siempre los únicos puntos afectados: la distribución real del daño debe comprobarse directamente en cada edificio.
Síntomas y señales de alarma en el edificio
La carbonatación del hormigón no siempre produce señales visibles, especialmente mientras el frente todavía no ha alcanzado las armaduras o la corrosión se encuentra en una fase inicial. Por eso, un elemento puede estar carbonatado sin presentar aparentemente ningún daño.
Cuando la corrosión de las armaduras progresa, en cambio, pueden aparecer señales como grietas, manchas de óxido, desconchados o acero expuesto. Estos indicios permiten sospechar que existe un problema, pero no bastan por sí solos para confirmar que la causa sea la carbonatación, ya que otras patologías pueden provocar daños similares.
Señales visibles de carbonatación avanzada
Cuando la carbonatación alcanza las armaduras y se inicia la corrosión, los productos de óxido que se forman ocupan un volumen mayor que el acero original. Esta expansión genera tensiones internas sobre el hormigón que pueden acabar provocando fisuras, desprendimientos del recubrimiento y exposición de las barras de acero.
Estas señales indican que el deterioro ya ha evolucionado más allá de la simple pérdida de alcalinidad del hormigón y requieren una valoración técnica para determinar su alcance y su causa.
Grietas longitudinales paralelas a las armaduras (señal más específica)
Las grietas longitudinales que siguen el recorrido de las armaduras son una de las señales más características de corrosión del acero dentro del hormigón. Cuando la armadura se oxida, los productos de corrosión ocupan un volumen mayor que el acero original y ejercen presión sobre el recubrimiento. Esa presión termina generando fisuras que suelen aparecer en la superficie paralelas a las barras de acero.
Su presencia puede indicar que la corrosión ya está generando daños mecánicos en el hormigón y que el proceso ha superado una fase inicial. Sin embargo, aunque este patrón es muy orientativo, no confirma por sí solo que la causa sea la carbonatación, ya que otras patologías también pueden producir fisuras longitudinales. Por eso, debe verificarse mediante inspección y ensayos específicos.
Manchas de óxido y desconchados en el hormigón
Las manchas de óxido en la superficie pueden aparecer cuando los productos de corrosión generados en las armaduras migran a través de poros y fisuras hasta hacerse visibles. Su presencia cerca del trazado del acero es una señal de alerta, aunque por sí sola no permite atribuir la corrosión específicamente a la carbonatación, ya que también puede deberse a otras causas, como la penetración de cloruros.
A medida que la corrosión progresa, la expansión de estos productos ejerce presión sobre el hormigón que recubre las barras. Tras la fisuración inicial, el recubrimiento puede desprenderse o desconcharse, dejando zonas huecas y reduciendo la protección de la armadura. En esta fase, el deterioro requiere una valoración técnica para determinar cuánto hormigón y acero están afectados y establecer la intervención necesaria.
Armaduras expuestas y visibles
La presencia de armaduras expuestas y visibles indica que el recubrimiento de hormigón se ha perdido en esa zona, normalmente después de un proceso de fisuración y desconchado asociado a la corrosión. Al desaparecer esa protección, el acero queda directamente expuesto al ambiente y a la humedad, lo que puede favorecer la continuidad del proceso corrosivo.
En este punto es especialmente importante comprobar el estado real de las barras y si han perdido sección. La corrosión no solo afecta a la superficie del acero: si progresa, puede reducir su diámetro y su capacidad resistente, por lo que una armadura visible debe considerarse una señal de deterioro avanzado que requiere valoración técnica.
Cuándo la carbonatación no da señales visibles todavía
La ausencia de grietas, óxido o desconchados no significa que el hormigón no esté carbonatado. El frente de carbonatación puede haber avanzado hasta la profundidad de las armaduras y provocar la pérdida de su capa pasiva sin que todavía exista ningún daño perceptible desde el exterior. La despasivación del acero y la aparición de daños visibles son, por tanto, etapas distintas del proceso. (concrete.org.uk)
Una vez despasivada la armadura, la corrosión necesita unas condiciones adecuadas de humedad y oxígeno para desarrollarse. Además, debe acumularse suficiente corrosión para generar las tensiones capaces de fisurar y desprender el recubrimiento. Entre ambos momentos puede existir un periodo en el que el deterioro ya se ha iniciado, pero la superficie aparentemente permanece intacta. (fhwa.dot.gov)
Por eso, especialmente en edificios antiguos o con factores de riesgo, el diagnóstico preventivo permite detectar la carbonatación antes de que aparezcan daños visibles. Medir la profundidad del frente y compararla con el recubrimiento de las armaduras permite valorar el riesgo real sin esperar a que aparezcan grietas o desprendimientos.
Cómo se detecta y diagnostica la carbonatación correctamente
Detectar correctamente la carbonatación del hormigón requiere combinar la observación del estado de la estructura con pruebas que permitan conocer qué está ocurriendo en su interior. Una inspección visual puede identificar indicios de corrosión, pero no permite determinar por sí sola hasta dónde ha avanzado el frente de carbonatación.
Por eso, el diagnóstico puede incluir ensayos de profundidad de carbonatación, catas y extracción de testigos, según el estado del elemento y la información necesaria. El objetivo es determinar si el hormigón está carbonatado, hasta qué profundidad y, sobre todo, si el frente ha alcanzado o está próximo a alcanzar las armaduras.
Inspección visual: qué busca el técnico
Durante la inspección visual, el técnico busca grietas que sigan el trazado de las armaduras, manchas de óxido, desconchados, zonas con pérdida de recubrimiento y barras de acero expuestas. También analiza la orientación, distribución y localización de las fisuras, ya que estos patrones ayudan a distinguir posibles daños por corrosión de otras patologías del hormigón.
La inspección puede complementarse con comprobaciones físicas, como el golpeo superficial para detectar zonas huecas o delaminadas que todavía no se han desprendido. Si existen armaduras visibles, se valora además su grado aparente de corrosión y posible pérdida de sección.
No obstante, estos indicios no permiten determinar directamente la profundidad de carbonatación ni confirmar su origen, por lo que, si existe sospecha, deben complementarse con ensayos específicos.
El ensayo de fenolftaleína: qué es y cómo funciona
El ensayo de fenolftaleína es uno de los métodos más utilizados para determinar la profundidad de carbonatación del hormigón. Se aplica una solución indicadora sobre una superficie de hormigón recién expuesta, normalmente después de realizar una pequeña rotura, una cata o partir un testigo. El método está recogido en la norma EN 14630.
La lectura es sencilla: el hormigón que conserva una alcalinidad elevada adquiere una tonalidad rosa o violeta, mientras que la zona con un pH más bajo permanece incolora. La distancia desde la superficie exterior hasta el cambio de color permite estimar la profundidad del frente de carbonatación.
Conviene interpretar el resultado correctamente: la fenolftaleína no detecta directamente el CO₂ ni la corrosión de las armaduras, sino el cambio de pH del hormigón. Además, el límite de color no coincide de forma absolutamente exacta con el frente de despasivación, aunque constituye una aproximación práctica y ampliamente utilizada para evaluar hasta dónde ha avanzado la carbonatación.
Catas y extracción de testigos para diagnóstico profundo
Cuando se necesita conocer con mayor precisión el estado interno del hormigón, pueden realizarse catas o extraerse testigos. Las catas permiten dejar al descubierto zonas concretas del elemento para comprobar el recubrimiento real de las armaduras, observar su estado y medir directamente la profundidad de carbonatación con fenolftaleína.
La extracción de testigos va un paso más allá: consiste en obtener una muestra cilíndrica de hormigón que puede analizarse en laboratorio. Además de estudiar la profundidad de carbonatación, los testigos permiten evaluar otras propiedades del material, como su resistencia a compresión, composición, presencia de cloruros o características de su microestructura, según el diagnóstico necesario. La toma y ensayo de testigos en estructuras de hormigón se regula, entre otras referencias, mediante la norma UNE-EN 12504-1.
Estas pruebas son especialmente útiles cuando existen dudas sobre el alcance real del deterioro o cuando hay que decidir una intervención estructural, ya que aportan información que no puede obtenerse únicamente mediante una inspección superficial.
Cuándo es necesario un diagnóstico técnico profesional
Un diagnóstico técnico profesional es especialmente recomendable cuando aparecen grietas longitudinales, desconchados, manchas de óxido o armaduras visibles, pero también cuando el edificio presenta factores de riesgo aunque todavía no existan daños evidentes. La inspección debe permitir determinar si el problema se debe realmente a carbonatación, hasta dónde ha avanzado y si las armaduras han perdido su protección o incluso sección resistente.
También resulta necesario cuando se trata de elementos estructurales relevantes, cuando existen daños generalizados o cuando hay que decidir entre una actuación preventiva y una reparación estructural. En estos casos, el técnico puede combinar inspección visual, medición del recubrimiento, ensayo de profundidad de carbonatación, catas o testigos según la información que necesite obtener.
El objetivo no es solo confirmar que existe carbonatación, sino conocer su relación con las armaduras y valorar sus consecuencias reales antes de definir la intervención. Esto evita tanto reparaciones insuficientes como actuaciones más invasivas de lo necesario.
Carbonatación vs. aluminosis: cómo diferenciarlas
La carbonatación y la aluminosis son patologías diferentes, aunque ambas pueden afectar a estructuras de hormigón y algunos de sus daños visibles pueden llegar a confundirse. Su origen, los materiales implicados y los mecanismos de deterioro no son los mismos, por lo que distinguirlas correctamente es fundamental antes de plantear cualquier reparación.
Además, un edificio puede presentar más de un proceso de deterioro simultáneamente. Por eso, la antigüedad o el aspecto exterior del hormigón no bastan para establecer un diagnóstico: es necesario identificar qué fenómeno está actuando y cuál es su alcance.
Origen distinto, síntomas parecidos: qué las diferencia
La carbonatación y la aluminosis pueden provocar daños similares, como fisuras, desprendimientos o corrosión de armaduras, pero tienen un origen distinto. La carbonatación se produce cuando el CO₂ reduce progresivamente la alcalinidad del hormigón hasta poder despasivar el acero.
La aluminosis, en cambio, afecta a hormigones fabricados con cemento aluminoso y está relacionada con la transformación de sus productos de hidratación, que puede aumentar la porosidad y reducir las prestaciones mecánicas del material en determinadas condiciones de humedad y temperatura.
Por eso, el aspecto exterior no basta para diferenciarlas: en la carbonatación se analiza la profundidad del frente y su relación con las armaduras, mientras que en la aluminosis es necesario identificar el cemento aluminoso y evaluar el estado del hormigón. Además, ambos mecanismos pueden coexistir en un mismo edificio.
Para profundizar en esta patología, puedes consultar nuestro artículo sobre qué es la aluminosis y cómo se trata.
Tabla comparativa: carbonatación / aluminosis / piritas
Aunque pueden generar daños que exteriormente se parezcan, carbonatación, aluminosis y piritas tienen causas y mecanismos de deterioro diferentes. Esta comparación resume las principales diferencias:
| Carbonatación | Aluminosis | Piritas | |
| Origen | Penetración del CO₂ atmosférico en el hormigón. | Uso de cemento aluminoso y transformación de sus productos de hidratación. | Presencia de sulfuros de hierro, principalmente pirita, en determinados áridos del hormigón. |
| Qué ocurre | Disminuye el pH y las armaduras pueden perder su protección frente a la corrosión. | La conversión del cemento aluminoso puede aumentar la porosidad y reducir las prestaciones del hormigón. | La oxidación de las piritas puede generar compuestos expansivos que deterioran y fisuran el hormigón. |
| Daños posibles | Corrosión de armaduras, grietas longitudinales, desconchados y pérdida de recubrimiento. | Pérdida de prestaciones del hormigón y posible deterioro de los elementos afectados, especialmente si concurren condiciones desfavorables. | Fisuración, expansiones, desprendimientos y alteración localizada del hormigón; también puede favorecer daños secundarios en las armaduras. |
| Dónde se localiza el problema | Avanza desde las superficies expuestas al CO₂ hacia las armaduras. | En elementos fabricados con hormigón que contiene cemento aluminoso, históricamente especialmente relevante en determinados forjados. | En las zonas donde existen áridos con minerales piritosos susceptibles de alteración. |
| Cómo se diagnostica | Medición de la profundidad de carbonatación, habitualmente con fenolftaleína, y comparación con el recubrimiento de las armaduras. | Identificación del cemento aluminoso y evaluación del estado y propiedades del hormigón. | Análisis del hormigón y de sus áridos para identificar minerales piritosos y valorar su grado de alteración. |
| Clave para diferenciarlas | El problema principal es la pérdida de alcalinidad alrededor del acero. | El origen está en el tipo de cemento empleado y su transformación. | El origen está en determinados áridos que contienen sulfuros de hierro. |
La apariencia del daño, por tanto, no permite identificar con seguridad la patología. Un diagnóstico técnico debe determinar su origen y comprobar, además, si existen varios mecanismos de deterioro actuando simultáneamente.
Tres escenarios de afectación y qué hacer en cada caso
La gravedad de la carbonatación del hormigón no se valora únicamente por su presencia, sino por su relación con las armaduras y por el daño que estas hayan sufrido. Un frente todavía alejado del acero no requiere la misma respuesta que una armadura ya corroída o con pérdida de sección.
Por eso, el diagnóstico permite distinguir distintos escenarios de afectación y ajustar la intervención a cada caso: desde medidas preventivas para frenar el avance de la carbonatación hasta reparaciones completas o refuerzos estructurales cuando el deterioro ya compromete al acero.
Escenario 1 | El frente no ha alcanzado la armadura todavía
Urgencia: media-baja.
Solución: revestimiento anticarbonatación sin intervención estructural. El más económico de resolver.
Este es el escenario más favorable: la carbonatación ha avanzado desde la superficie, pero todavía no ha alcanzado las armaduras, por lo que el acero mantiene en principio su protección pasiva y no existe corrosión asociada a este mecanismo. El diagnóstico debe confirmar esa distancia comparando la profundidad de carbonatación con el recubrimiento real del acero.
Si el hormigón se encuentra en buen estado y no existen otras patologías, puede plantearse una actuación preventiva mediante un revestimiento anticarbonatación, diseñado para reducir la entrada de CO₂ y frenar el avance del frente hacia las armaduras. En este escenario normalmente no es necesario sanear el acero ni realizar una reparación estructural.
Actuar antes de que el frente alcance la armadura suele permitir una intervención menos invasiva y más económica que cuando ya existe corrosión. Aun así, el revestimiento debe considerarse un sistema de protección que requiere una correcta preparación de la superficie, elección del producto y mantenimiento posterior para conservar su eficacia.
Escenario 2 | El frente ha alcanzado la armadura: corrosión superficial
Urgencia: alta.
Solución: Requiere el proceso completo de reparación (saneado + pasivado + mortero estructural + revestimiento).
Cuando el frente de carbonatación alcanza las armaduras, la reducción del pH puede destruir la capa pasiva que protegía el acero. Si además existen humedad y oxígeno, puede iniciarse la corrosión. Si esta todavía es superficial y las barras no presentan una pérdida significativa de sección, normalmente es posible reparar el elemento sin recurrir a un refuerzo estructural.
La intervención habitual consiste en sanear el hormigón deteriorado o carbonatado necesario para la reparación, limpiar las armaduras y protegerlas frente a la corrosión, reponer el recubrimiento con un mortero de reparación adecuado y aplicar, cuando proceda, una protección superficial anticarbonatación. Estos principios son coherentes con la norma EN 1504 para la reparación y protección de estructuras de hormigón.
Este escenario requiere una actuación prioritaria: aunque la capacidad resistente todavía puede no estar comprometida, la corrosión ya se ha iniciado y puede seguir avanzando hasta provocar fisuración, desprendimientos y pérdida de sección del acero si no se interviene.
Escenario 3 | La armadura ha perdido sección: intervención estructural necesaria
Urgencia: muy alta.
Solución: Puede requerir apuntalamiento inmediato, refuerzo con fibra de carbono o sustitución del elemento.
Cuando la corrosión provoca una pérdida significativa de sección en las armaduras, ya no basta con reparar el hormigón. La reducción del diámetro de las barras puede disminuir la capacidad resistente del elemento, por lo que es necesario evaluar cuánto acero se ha perdido y si la sección restante sigue siendo suficiente.
Si la capacidad está comprometida, puede ser necesario reponer o añadir armaduras, aumentar la sección del elemento o ejecutar un refuerzo estructural, mediante acero o materiales como la fibra de carbono para mejorar, según el caso, la resistencia a flexión o cortante. En situaciones graves también puede requerirse apuntalamiento temporal, reducción de cargas o incluso la sustitución del elemento, siempre a partir de una evaluación estructural previa.
Este escenario debe considerarse de prioridad muy alta: primero hay que garantizar la seguridad y capacidad resistente del elemento y, después, reparar la causa del deterioro para evitar que la corrosión continúe.
Cómo se repara la carbonatación del hormigón paso a paso
Cuando la carbonatación ya ha alcanzado las armaduras y existe corrosión, una reparación correcta no consiste simplemente en tapar las zonas dañadas. Es necesario eliminar el hormigón deteriorado, tratar el acero afectado, recuperar el recubrimiento y proteger de nuevo la superficie frente a la entrada de CO₂.
El alcance de cada fase depende del estado real del elemento, pero seguir correctamente esta secuencia es clave para evitar que la corrosión continúe bajo la reparación y para recuperar la durabilidad del hormigón.
Picado y saneado del hormigón deteriorado
El primer paso consiste en eliminar el hormigón deteriorado, suelto o mal adherido hasta llegar a una base sana y estable. Cuando existe corrosión en las armaduras, el saneado debe permitir acceder correctamente al acero afectado y retirar el hormigón que impida tratarlo de forma adecuada.
El picado no debe hacerse de forma indiscriminada: su alcance se define según el estado del elemento y la extensión real del daño. En reparaciones con armaduras corroídas, puede ser necesario descubrir suficientemente las barras para poder limpiarlas y aplicar después el tratamiento de protección correspondiente. La superficie resultante también debe quedar limpia y con una textura adecuada para favorecer la adherencia del mortero de reparación.
Un saneado insuficiente puede dejar zonas débiles o contaminadas bajo la reparación y comprometer su durabilidad, por lo que esta fase condiciona directamente el resultado de todo el proceso posterior.
Limpieza y eliminación del óxido en armaduras
Una vez descubiertas las armaduras, es necesario eliminar el óxido, las escamas, restos de mortero, polvo y cualquier material que pueda reducir la adherencia o favorecer la corrosión. Siempre que sea posible, la limpieza debe alcanzar todo el perímetro de la barra, incluida su cara posterior, y dejar el acero preparado para recibir el tratamiento protector y el mortero de reparación.
Para ello pueden utilizarse técnicas como el chorro abrasivo o el agua a presión, según el estado de la armadura y el sistema de reparación previsto. La norma EN 1504-10 establece criterios para la preparación del acero antes de aplicar sistemas de reparación y protección.
Una limpieza insuficiente puede dejar productos de corrosión bajo la reparación y comprometer tanto la adherencia como su durabilidad, por lo que esta fase debe adaptarse al estado real de las armaduras.
Pasivado de las armaduras
Tras limpiar las armaduras, puede aplicarse un tratamiento pasivador o anticorrosivo para proteger de nuevo el acero antes de reconstruir el recubrimiento. La norma EN 1504-7 contempla sistemas de protección frente a la corrosión mediante recubrimientos activos o de barrera.
En reparaciones por carbonatación son habituales los morteros cementosos pasivadores, cuya elevada alcalinidad favorece la formación de una nueva capa protectora sobre el acero limpio y ayuda a recuperar el entorno alcalino perdido.
El pasivado no sustituye al resto de la reparación: su eficacia depende de una correcta limpieza previa, de la compatibilidad con el mortero posterior y de la adecuada reposición y protección del recubrimiento de hormigón.
Reposición del recubrimiento y protección anticarbonatación final
Después de sanear el hormigón y tratar las armaduras, es necesario reponer el volumen perdido y reconstruir el recubrimiento protector mediante un mortero de reparación compatible con el soporte. Estos materiales deben recuperar la geometría del elemento, garantizar una correcta transmisión de esfuerzos y cumplir los requisitos de la norma EN 1504-3 para la reparación del hormigón.
El mortero debe ofrecer buena adherencia, resistencia adecuada, baja permeabilidad y compatibilidad con el hormigón existente, además de aplicarse respetando la preparación del soporte, los espesores previstos y el curado necesario para asegurar su durabilidad.
Como protección final, puede aplicarse un revestimiento anticarbonatación que reduzca la entrada de CO₂ y ralentice el avance del frente de carbonatación. Estos sistemas deben limitar la penetración de agentes agresivos sin impedir la evacuación de humedad interna del soporte.
Una reparación duradera depende de que todas las fases funcionen conjuntamente: saneado, tratamiento de armaduras, reposición del recubrimiento y protección superficial. Una ejecución deficiente puede provocar fisuras, pérdida de adherencia o que el deterioro reaparezca bajo la reparación.
Por qué una reparación mal ejecutada falla en 2 años
Una reparación puede parecer correcta y, sin embargo, mantener activo el proceso de corrosión bajo la superficie si no se elimina suficientemente el hormigón carbonatado, las armaduras no se limpian y protegen correctamente o quedan zonas de acero en un entorno despasivante.
Además, reparar únicamente donde ya existe un desconchado puede dejar hormigón carbonatado alrededor. En determinadas condiciones, la corrosión puede continuar o concentrarse en los límites de la reparación, provocando nuevas fisuras y desprendimientos. Es el denominado efecto de ánodo incipiente o efecto halo.
Por eso, no basta con picar y volver a revestir: es necesario diagnosticar el alcance del daño, sanear correctamente, tratar las armaduras y aplicar un sistema de reparación compatible, siguiendo criterios técnicos como los de la serie EN 1504. Una intervención especializada reduce así el riesgo de que el deterioro reaparezca prematuramente.
Carbonatación y la ITE: qué tipo de deficiencia genera
La carbonatación del hormigón puede tener implicaciones dentro de una Inspección Técnica del Edificio (ITE) cuando afecta a elementos estructurales o evidencia un proceso de deterioro que puede comprometer su durabilidad. Sin embargo, la simple presencia de hormigón carbonatado no determina por sí sola la gravedad de la deficiencia: el técnico debe valorar su profundidad, la relación con las armaduras y el estado real del elemento.
Cuando la inspección detecta daños que requieren actuaciones de reparación, el edificio puede obtener una ITE desfavorable, cuyo significado, consecuencias y obras asociadas dependen del alcance de las deficiencias identificadas. A continuación veremos cómo puede reflejarse esta patología en el informe y qué responsabilidades puede asumir la comunidad de propietarios.
Cómo aparece la carbonatación en el informe ITE (deficiencia grave)
La carbonatación del hormigón no se refleja en una ITE únicamente por la existencia del proceso químico, sino por sus consecuencias sobre el estado de conservación del edificio. Si el frente ha alcanzado las armaduras, existe corrosión, pérdida de recubrimiento o afectación de elementos estructurales, la deficiencia puede adquirir una consideración relevante dentro del informe.
En estos casos, la ITE puede recoger daños como deterioro de elementos de hormigón armado, corrosión de armaduras, desprendimientos del recubrimiento o necesidad de actuaciones de reparación. La gravedad dependerá de la extensión del daño, del elemento afectado y del riesgo que implique para la seguridad o conservación del edificio.
Por tanto, una carbonatación detectada en una fase inicial puede requerir medidas preventivas, mientras que una afectación avanzada en pilares, vigas, balcones u otros elementos estructurales puede derivar en una deficiencia grave que obligue a intervenir.
Plazos y responsabilidad de la comunidad de propietarios
Cuando una ITE detecta una patología relacionada con la carbonatación del hormigón, la responsabilidad de actuar corresponde a la propiedad del edificio. En una comunidad de propietarios, esto implica organizar y ejecutar las actuaciones necesarias sobre los elementos comunes según las indicaciones del informe técnico.
Los plazos y la urgencia dependerán del alcance de la deficiencia detectada: una carbonatación sin afectación de armaduras puede requerir una actuación preventiva, mientras que la corrosión avanzada, los desprendimientos o los daños en elementos estructurales pueden exigir una intervención prioritaria e incluso medidas de seguridad provisionales.
Por eso, ante una ITE desfavorable, la comunidad debe planificar la reparación y realizar el seguimiento técnico correspondiente. Retrasar una actuación necesaria puede permitir que el deterioro avance y aumentar la complejidad y el coste de la intervención.
Cuánto cuesta reparar la carbonatación del hormigón
El coste de reparar la carbonatación del hormigón puede variar considerablemente según el estado de la estructura y el alcance de la intervención necesaria. No supone la misma actuación aplicar una protección preventiva cuando el frente todavía no ha alcanzado las armaduras que reparar un elemento donde ya existe corrosión o pérdida de sección del acero.
Por eso, el presupuesto debe determinarse a partir de un diagnóstico previo que permita conocer la extensión del daño, los materiales necesarios y la complejidad de los trabajos. A continuación veremos qué factores influyen en el precio y cuáles son los rangos orientativos según el tipo de actuación.
Factores que influyen en el presupuesto
El coste de reparar la carbonatación del hormigón depende principalmente del alcance del deterioro y del tipo de intervención necesaria. No supone el mismo presupuesto aplicar una protección preventiva que reparar armaduras afectadas por corrosión.
Los principales factores que influyen son:
- Grado de avance de la carbonatación: si el frente no ha alcanzado las armaduras puede bastar una protección superficial; si existe corrosión será necesario sanear, tratar el acero y reconstruir el recubrimiento.
- Extensión del daño: la superficie afectada determina la cantidad de hormigón que debe retirarse, repararse y protegerse.
- Estado de las armaduras: una pérdida de sección o la necesidad de refuerzo estructural incrementan la complejidad de la actuación.
- Accesibilidad de la zona: elementos en altura, fachadas, balcones o cantos de forjado pueden requerir andamios o medios auxiliares específicos.
- Sistema de reparación utilizado: los materiales, espesores y soluciones de protección varían según las condiciones del elemento y su exposición.
- Necesidad de diagnóstico previo: ensayos, catas o estudios estructurales pueden ser necesarios para definir una solución adecuada.
Por eso, dos edificios con carbonatación pueden tener presupuestos muy diferentes. El coste depende menos de la presencia de la patología en sí que de la fase en la que se encuentra y de la intervención necesaria para recuperar la durabilidad de la estructura.
Rangos de coste orientativos por tipo de actuación
El coste de una reparación por carbonatación del hormigón puede variar desde actuaciones preventivas relativamente sencillas hasta intervenciones estructurales de mayor complejidad. Como referencia orientativa, los rangos habituales dependen principalmente del grado de afectación y del sistema necesario:
| Tipo de actuación | Situación habitual | Rango orientativo |
| Protección preventiva anticarbonatación | El frente todavía no ha alcanzado las armaduras y el hormigón mantiene un buen estado general. Incluye preparación superficial y aplicación de revestimiento protector. | 20–50 €/m² aproximadamente |
| Reparación localizada de hormigón armado | Existen zonas puntuales con hormigón deteriorado y corrosión superficial de armaduras. Incluye saneado, limpieza del acero, pasivado, mortero de reparación y protección final. | 80–200 €/m² aproximadamente |
| Reparación extensa de elementos estructurales | Afectación amplia, pérdida de sección de armaduras o necesidad de refuerzo. Puede requerir medios auxiliares, cálculos y sistemas específicos de refuerzo. | Desde 200 €/m², pudiendo aumentar según la complejidad |
Estos valores son únicamente orientativos, ya que una misma superficie puede tener costes muy diferentes según si se encuentra a pie de calle o en altura, el estado real de las armaduras, la necesidad de andamios, la dificultad de acceso o la solución estructural necesaria.
Por eso, antes de definir un presupuesto es fundamental realizar un diagnóstico técnico del elemento afectado. La diferencia entre intervenir de forma preventiva y esperar a que exista corrosión avanzada puede suponer una variación importante tanto en la complejidad como en el coste final de la reparación.
Qué hacer si sospechas que tu edificio tiene carbonatación
Si sospechas que tu edificio puede tener carbonatación del hormigón, no conviene actuar únicamente sobre los daños visibles sin conocer antes su causa y alcance. Grietas, manchas de óxido o desconchados pueden indicar un deterioro avanzado, pero es necesario confirmar mediante diagnóstico qué está ocurriendo en el interior del hormigón.
Los pasos recomendables son:
- Realizar una revisión inicial del edificio
Identifica posibles señales como grietas paralelas a las armaduras, óxido, desprendimientos o acero expuesto, especialmente en balcones, fachadas, cantos de forjado y otros elementos exteriores. - Solicitar un diagnóstico técnico
Un técnico especializado puede medir la profundidad de carbonatación, comprobar el estado de las armaduras y determinar si existe corrosión o pérdida de sección. - Definir la actuación necesaria
Según el resultado, la solución puede ir desde una protección anticarbonatación preventiva hasta una reparación completa del hormigón armado. - Actuar antes de que el deterioro avance
Detectar la carbonatación antes de que provoque daños estructurales permite intervenir con soluciones menos complejas y evitar un aumento del coste de reparación.
En edificios antiguos o con elementos expuestos al exterior, una revisión preventiva permite conocer el estado real de la estructura y tomar decisiones basadas en criterios técnicos.
Diagnóstico y reparación de carbonatación con Rehabilitem
La reparación de la carbonatación del hormigón requiere algo más que solucionar los daños visibles: es necesario conocer el estado real de la estructura, identificar la causa del deterioro y definir una actuación adecuada según el grado de afectación. Un diagnóstico previo permite evitar intervenciones insuficientes y aplicar la solución más adecuada en cada caso.
En Rehabilitem abordamos estos procesos desde una perspectiva técnica, combinando diagnóstico, reparación y refuerzos estructurales cuando es necesario. A continuación explicamos nuestro enfoque de trabajo y cómo ayudamos a comunidades y propietarios a recuperar la durabilidad de sus estructuras en Barcelona.
Por qué elegir Rehabilitem para la reparación de carbonatación en Barcelona
La reparación de la carbonatación del hormigón requiere experiencia específica en patologías estructurales, ya que una intervención superficial puede no resolver el problema si la corrosión de las armaduras continúa bajo la reparación. En Rehabilitem trabajamos con un enfoque basado en el diagnóstico previo, analizando el estado del hormigón y de las armaduras antes de definir la solución más adecuada.
Nuestra experiencia en rehabilitación estructural nos permite intervenir en las distintas fases del deterioro: desde actuaciones preventivas para frenar el avance de la carbonatación hasta reparaciones de hormigón armado y refuerzos estructurales cuando el estado del elemento lo requiere.
Trabajamos en Barcelona y su entorno ofreciendo soluciones adaptadas a cada edificio, con el objetivo de recuperar la durabilidad de la estructura y evitar que una patología inicialmente controlable evolucione hacia intervenciones de mayor complejidad.